Mon Jan 25 13:49:00 ART 2016

El objetivo de restaurar un edificio de valor patrimonial es que llegue a las generaciones futuras

Entrevista a Nora Luzzi, Jefa del Departamento de Restauro de la HCDN

 

 

 

 

 

Durante La Noche de los Museos de 2015 se inauguró el Salón Blanco de la Cámara de Diputados con una muestra de procedimientos de restauración. ¿Cómo fue esa experiencia en la que el equipo que coordinás pudo mostrar su trabajo?


Ese evento fue muy interesante, asistieron 12.218 personas, contadas por la gente de seguridad. No podíamos creerlo, parecía un show internacional, la fila de personas para entrar al Palacio daba la vuelta a la manzana. En el transcurso del año, se publicaron muchas notas que relataban y mostraban el trabajo que se está haciendo en la Cámara de Diputados. Eso incentivó a la gente, que vino a ver eso que había leído en diversas publicaciones. Creo que se encontraron con una gran sorpresa al ver en el Salón Blanco al equipo de restauración trabajando en los diferentes talleres in situ y mostrando el trabajo en distintos niveles de avance en piezas reales, tal como lo desarrollamos durante los últimos tres años, desde 2013, cuando el equipo de restauro ingresó al PRIE que había comenzado en 2012.

Se exhibieron muestras de ornatos, molduras y moldes para replicar piezas deterioradas. Una pieza de iluminación original con la limpieza y el tratamiento hecho, el cableado nuevo, fragmentos o brazos de otra araña que todavía no había sido armada en un estado previo a la intervención y otros elementos permitían mostrar en qué estado se encontraban y cómo quedaron luego de ser restaurados. Muestras de pinturas al óleo sobre tela que no son de valor patrimonial se utilizaron para exhibir, a través de dos lupas, los tipos de intervenciones posibles como el trateggio y el puntillismo, cómo se hacen los injertos y las bandas perimetrales que son distintas metodologías de intervención sobre pinturas.

En otra mesa, la especialista en bioquímica aplicada al restauro, Marcela Cedrola, con un microscopio que proyectaba la imagen en una pantalla, explicaba cuáles son las patologías y características de los materiales que los análisis de laboratorio permiten detectar, y cómo los resultados de estos análisis ayudan a determinar fórmulas específicas de intervención para cada soporte analizado. Un ejemplo de ello es la composición de los morteros históricos de los muros, que nada tienen que ver con los productos que se comercializan actualmente. No se puede intervenir un muro de cien años de antigüedad con un producto moderno, porque el material termina desprendiéndose.

En otros sectores de la muestra se explicaba el proceso de restauro de vitrales, de antiguas baldosas calcáreas, de maderas, falsos acabados, molduras y mármoles. Toda la muestra fue muy interesante, incluyendo la inauguración del Salón Blanco, este gran espacio de exhibición en el que se recuperó el muro de piedra granítica, una pared portante de la cúpula del palacio que estaba oculto bajo muchas manos de pintura. Dejar al descubierto la piedra de este salón es un modo de mostrar la forma de construcción de otra época, la historia arquitectónica del edificio. Todas estas acciones apuntan a recuperar un edificio que durante mucho tiempo no fue tratado como un edificio de valor patrimonial.
A la gente se la veía asombrada y entusiasmada también, porque pudimos mostrar que se puede ser eficiente trabajando en el Estado, haciendo bien las cosas, con calidad en el trabajo, cumpliendo con los tiempos de ejecución previstos y con los presupuestos asignados, e incluso bajar los costos de algunos insumos porque no tenemos intermediarios, ya que la mano de obra está en la Cámara. Lo que sale de nuestro trabajo en el taller de restauro de la HCDN siempre tiene un costo más bajo que el que pueda ofrecer una empresa de restauración.

Trabajamos de la misma manera que se trabaja en el mundo, con las mismas normativas internacionales y los mismos materiales, respetando la estabilidad, compatibilidad y reversibilidad de los materiales, con un equipo multidisciplinario de casi ciento veinte personas integrado por gente de arquitectura, bellas artes, museología y maestro mayor de obras. Hay especialistas en todos los soportes: textil, maderas, vitrales, mobiliario, edilicio, luminarias, yesería, pintura de caballete, laboratorio, falsos acabados, y los administrativo-técnicos, que somos los que planificamos los trabajos, organizamos los materiales y coordinamos las tareas.

 

¿Cómo se fue formando este equipo?


Fue creciendo de acuerdo a las necesidades que se fueron planteando en el edificio. Se inició en enero de 2013 con doce personas que subieron a sesenta en el mes de agosto, cuando intervinimos el Recinto, sumando especialidades. El edificio nos va diciendo qué necesita y hay que responder a eso con el profesional capaz de entender, leer y traducir cada necesidad y de hacer las acciones necesarias para solucionar cada problema. Nosotros, al principio, no interveníamos vitrales. Ahora tenemos Paula Farina Ruiz, una especialista que se formó en la escuela de Chartres de París y que hace escuela aquí adentro, capacitando a un equipo que ya trabajaba en restauración, puntualmente en el soporte vidrio. Tenemos un equipo formado en oficios, bellas artes, arquitectura y restauración pero que se adapta y amplía su espectro de trabajo con un coordinador calificado que da las pautas, hace el seguimiento y lleva cada tarea a buen puerto. Tenemos a Oscar Monkes, licenciado en restauración y especialista en pintura contemporánea que da talleres y conferencias en el exterior, y coordina el área de pintura de caballete.

Marcela Cedrola, bioquímica especialista en restauro, realiza los análisis de laboratorio previos a todas las intervenciones, Cristian Untoinglich, museólogo y especialista en maderas, Paula Palavecino, Estela Maris Vivanco y Brian Tórtora se ocupan del tratamiento de los muros. En Informes técnico y fotográfico están Pablo Chiarla, Esteban Pardo, y Andrea Atanasópulos. Cintia Rubio de bellas artes coordina el área de falsos acabados. En el área textil están María Fernanda Saavedra y Noelia Gáname. Cada coordinador tiene a su cargo y entrena al personal que viene de distintas formaciones en las necesidades específicas de cada soporte.

Los equipos se formaron en función de las necesidades que fue revelando el edificio, y teniendo en cuenta prioridades. Hay soportes que requieren intervención permanente, como la pintura de caballete. Actualmente, el trabajo de este equipo está condicionado por el espacio que tenemos para trabajar, que es reducido. Por eso, esperamos ansiosamente que esté lista la obra de recuperación del nuevo Anexo G en la calle Combate de los Pozos, este edificio va a estar destinado a los talleres de restauración.


El Salón de los Pasos Perdidos fue el último gran espacio intervenido por el equipo de restauro. ¿Cómo fue el proceso?


Pasos Perdidos es un salón que tenía bastante deterioro porque había sido afectado por filtraciones durante muchísimos años. Esas filtraciones se detuvieron gracias a la gran obra de reparación de la cubierta del Palacio. Las filtraciones habían generado deterioro en vigas, mármoles, muros y ornatos. No se lo veía mal a distancia pero cuando se armaron los andamios y accedimos a las plataformas y pudimos observar de cerca, se encontraron bastantes problemas a resolver. Hubo que hacer mucho trabajo estructural antes de ocuparse del tema estético.

Las luminarias estaban muy altas y desde la distancia no se podía establecer el grado de deterioro que tenían, pero cuando las retiramos y llevamos al taller pudimos ver que estaban realmente afectadas, con el metal debilitado, hubo que soldarlas para consolidar fisuras y recablearlas porque tenían todavía los antiguos cables de tela, además de mucha suciedad.

En el Salón había cables desordenados, que fueron colocados en bandejas muy pequeñas, pintadas del mismo color de las paredes; ahora prácticamente no se notan, son accesibles pero no afectan la lectura del muro.

Una vez que el trabajo estuvo terminado, cuando se retiraron los andamios, se pudo ver en los muros un color un tanto diferente al previo a la intervención. Antes podían verse tres tonos: un tono en volúmenes, un tono en planos y un tono que era unificador de ambos, trabajado a pincel seco con un blanco tiza. Ahora se ven solamente dos colores, más suaves, relajados y frescos que los anteriores. Estos son los colores originales, los primeros con los que fue pintado este salón. Esto lo sabemos gracias a los cateos estratigráficos, que son estudios que revelan la historia de las sucesivas capas de pinturas y recubrimientos que fue recibiendo el muro a través de los años. Los cateos estratigráficos, que son los testigos que confirman la veracidad histórica de esta elección de color, están en el muro que se encuentra detrás del óleo del Presidente Roca, al fondo del Salón.

También fueron intervenidos los mármoles, que estaban muy afectados por sales y humedad. En este caso, hay que decir que desde que se instalaron en el palacio los equipos Watertec en 2013, gracias a la actividad electrosmótica, estos soportes se fueron desprendiendo de la humedad ascendente, lo que facilitó su recuperación. Se realizaron reposiciones de faltantes y retoques de color en todos los mármoles.

 

¿Las áreas restauradas del Palacio requieren de cuidados especiales? ¿Qué hay que hacer para que las obras perduren?


El Palacio es un edificio vivo, que está en funcionamiento, y por eso este trabajo de restauración de mármoles hubo que hacerlo todos los años desde 2013, como consecuencia del uso y el movimiento. Dado que hay una decisión política de recuperar el edificio y de que sea tratado como un edificio de valor patrimonial, es necesario instalar el concepto de conservación preventiva para los sectores que no están afectados, intervenir donde sea necesario y mantener lo ya intervenido para que el tiempo, los recursos y la mano de obra especializada que se ha invertido no se pierda. El objetivo de un edificio de valor patrimonial es que llegue a las generaciones futuras.

 

¿Cuál es tu balance personal, cómo has vivido este tránsito desde que el equipo que coordinás comenzó las acciones de restauro en el Palacio hasta ahora, que el equipo ha crecido y ha encarado tareas de gran envergadura como la restauración integral del Salón de los Pasos Perdidos y el Recinto?


Para mí es un honor poder hacer lo que hacemos, con el corazón y con la altura que merece lo que estamos haciendo. También con la profundidad y con el concepto de trascendencia, sabiendo que estamos recuperando y preservando una parte importante del patrimonio de nuestro país para las generaciones futuras. El Palacio del Congreso es un lugar donde pasó, pasa y pasará la historia de nuestro país. Desde lo personal, es conmovedor saber que estamos aportando nuestro grano de arena para conseguirlo. Esto lo digo por todo el equipo de restauro, no solamente por mí.


El objetivo de restaurar un edificio de valor patrimonial es que llegue a las generaciones futuras